martes, 17 de mayo de 2011

Sobre #democraciarealya

En estos días asistimos a una especie de despertar en el pensamiento de la sociedad. Bueno, conviene matizar. En el pensamiento de la juventud. Lo que para la sociedad de cierta edad ha servido y sirve para nosotros los jóvenes es un sistema canovista camuflado que ha enfermado al país y reabierto viejas heridas. La corrupción se ha extendido en todos los ámbitos de decisión no en pos de unas ideas, si no de una ideología. Y las ideologías jamás han sido buenas. Una ideología lleva al cerrojazo intelectual de quien la sigue, que se aferra a la idea propia y contempla las demás con un gesto mezcla de desprecio y odio.

 Y en éstas estamos desde hace dos siglos, desde el ya referido canovismo. En esos tiempos se fraguó un sistema de alternancia de poder que creó dos únicas formas de gobierno que, evolucionadas, son las que tenemos hoy. En ese tiempo comenzó a fraguarse la mentalidad de que sólo hay dos opciones, de las que no se puede escapar, y que son a cual peor. En cierto modo se mitigó con la segunda república, al menos una parte de ella; y forzosamente se apagó con el franquismo.

Pero llegó la democracia, y las viejas ideologías tenían que adaptarse a los nuevos tiempos y a una presunta apertura de partidos. Obviamente lo consiguieron, y esas dos ideologías enfrentadas volvieron tras gobernar las dos, cada una en su tiempo. En el tercer gobierno (el actual) ha estallado el combate entre ambas, alimentado por sus líderes claro. Y mientras, el país supera el 20% del paro, la crisis se ceba con las clases media-baja mientras la clase rica aumenta su riqueza y el descontento ha unido a la sociedad en un pensamiento: tanto PP como PSOE nos llevarán a la catástrofe. Y no puede ser más cierto.

Que la juventud esté despertando a través de las redes sociales y se empiece a plasmar en las calles que hay otras opciones, que no todo acaba en PP o PSOE, que nosotros podemos cambiar esta situación. Uno de los pocos poderes que nos quedan a los ciudadanos es el poder votar a quién queremos que nos represente. Y ninguno de los dos partidos cumple este deseo. Aprovechemos el poco poder que tenemos, pues cada vez éste será menor y nuestra capacidad de decisión sobre los asuntos importantes será aún menor.

Seamos conscientes de que tenemos control sobre nuestras vidas. De que nuestra vida es política. Y que lo que hacen estos dos partidos no es política, es combate dialéctico. Aprovechemos las alternativas, demosles la opción a aquellos grupos minoritarios que con la ley electoral actual están arrinconados.

Sé que suena utópico, pero nosotros somos los únicos capaces de desmontar este sistema que a nadie beneficia y que nos desprestigia como país. Digamos no al bipartidismo.

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