Esta mañana el mundo se ha despertado con una noticia tan maravillosa como preocupante. El mundo ha despertado con la noticia de la muerte de Osama Bin Laden en Abbottabad, Pakistán, dentro de una operación de los SEALS (los comandos especiales de la Marina estadounidense, por encima de los Rangers y los Delta Force). Por todos lados, incluido el presidente Obama (al que esta operación da un espaldarazo de popularidad), he escuchado que por fin se ha hecho justicia, y yo esto no lo tengo claro.
Efectivamente, Bin Laden ya no provocará mas muertes, y eso que ha ganado el mundo. Debía pagar por sus crímenes y ya lo ha hecho, y nadie recriminará a los EEUU este final. Pero la justicia no es esto. Lo que ha sucedido es lo natural, es decir vengar los miles de muertos del 11-S y dar tranquilidad al mundo occidental. España si hubiera tenido la posibilidad de acabar con él también lo hubiera hecho, y todos estariamos felices.Pero no lo llamemos justicia, porque la diferencia entre la justicia y la venganza en este caso hubiese supuesto tiempo. El tiempo que hubiera tardado Bin Laden en ser llevado a Estados Unidos y ser sometido a un juicio militar, dando la oportunidad a que intentaran rescatarle y quedara libre otra vez. Mejor que haya pasado así.
Pero no se engañen, el peligro para Occidente no ha pasado. Es más, ha aumentado, y aumentará. Que haya muerto el líder de Al Qaeda no significa que éstos se rindan, todo lo contario. El hombre que, presumiblemente, sustituirá a Bin Laden es ni mas ni menos que Al Zawahiri, ideólogo de Al Qaeda y carnicero profesional que ha estado al lado de Bin Laden y al que se culpa de la radicalización de éste. Es un hombre muy violento que va a buscar continuar la acción contra Occidente, y si se lo propone lo conseguirá. No sé si el remedio es peor que la enfermedad...
Los estadounidenses a esta hora todavia estan celebrando la muerte de Bin Laden, aliviados porque el culpable del mayor miedo que han sentido en su vida acaba de desaparecer, y preocupados a la vez por lo que pueda venir. Es la contradicción que ha provocado la guerra, la de celebrar un triunfo preocupandose por la siguiente batalla. Una guerra que nunca debió empezar y cuyos resultados seguimos pagando y pagaremos. Ojalá que no con más sangre, ni en nuestro territorio, aunque esto es una vana ilusión lamentablemente.
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