Los delegados del PSOE eligieron ayer a su nuevo Secretario General tras la marcha de Zapatero. La pugna por el puesto, que se disputaba entre Rubalcaba y Chacón, acabó resolviéndose a favor del ex ministro de Interior por un margen de 22 votos. Puede causar sorpresa, ya que durante toda la mañana de ayer se anunciaba que el margen de votos que decidiría la elección sería de unos 7, pero acabó siendo mayor.
La elección de Rubalcaba contrasta con el mensaje que el PSOE ha querido trasladar de lo que sería esta elección. Durante toda la campaña, tanto el partido como los candidatos se han esforzado por mostrar que, pasara lo que pasara, habría un cambio. Cambio con la manera de hacer las cosas de Zapatero, se entiende. Pero se hace complicado para muchos, tanto dentro como fuera del partido, entender cómo es posible un cambio a partir de dos candidatos que han sido ministros del gobierno socialista. Que han estado tomando decisiones y, de hecho, las han defendido. No es muy coherente (ni creíble) que, por un lado, un ex-ministro de Interior, ex- vicepresidente y ex-portavoz; y por otro, una ex ministra de Defensa y Vivienda, pugnen por el poder argumentando el cambio. No es cierto ni es creíble.
Pero con Rubalcaba se dan además más circunstancias por las que desconfiar de su elección como Secretario General. Al fallo de mensaje que caracterizaba a ambos candidatos se unen en Rubalcaba el conservadurismo y su historial político.
Rubalcaba se ha rodeado durante la campaña por la dirección de la misma gente que formaba su círculo en la derrota de las elecciones generales. Puede decirse que se ha premiado más el agradecimiento de servicios prestados que la utilidad y eficacia reales. Si a eso le añades el apoyo de Griñán (que tiene todas las papeletas para abandonar la presidencia de Andalucía) y viejas glorias como González o Rodríguez Ibarra ( con su frase sobre Chacón), se desvanece la esperanza de cambio, pues se continúa con la política de compensación de favores. Habría que preguntar a las bases del partido qué piensan sobre esto (que, según he comprobado, no es nada bueno).
Último argumento. Rubalcaba es una figura que, durante el tiempo, ha ido experimentando lo bueno y lo malo. Es innegable que su mayor logro hasta ahora es el fin de ETA, siendo ministro de Interior. Su oratoria es impecable, como demuestra continuamente. Pero lo malo pesa bastante más hoy día. Es corresponsable de la negación de la crisis ; el caso Faisán no le pasó factura política dentro del partido, pero sí de credibilidad, su actuación en la campaña de las elecciones generales fue muy discutible y mal planteada; y Chacón le pisaba los talones hasta ayer, momento en el que Rubalcaba tiró de habilidad para convencer a los delegados claves.
Con todo esto, queda un panorama incierto dentro del PSOE. Se ha resuelto la pelea por la Secretaría General sin cerrar las enemistades creadas entre chaconistas y rubalcabistas, con un líder al que ahora los delegados apoyan en un 80% pero que no cuadra con los votos que recibió Chacón y con una crisis interna y de credibilidad. No parece Rubalcaba el hombre indicado para cerrar heridas y hacer resurgir el partido.
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