lunes, 16 de enero de 2012

El papel de Manuel Fraga

Manuel Fraga murió a los 89 años de edad. Según han informado los medios, desde hace días el político gallego tenía problemas respiratorios que se han agravado, provocándole una parada cardíaca que acabó con su vida en la noche de ayer mientras trataba de recuperarse en su domicilio de Madrid.

Hablar de Fraga es hablar de un hombre de gran importancia en la vida política de España durante la segunda mitad del siglo XX. Fue ministro de Información y Turismo durante el franquismo (entre 1962 y 1969), Ministro de la gobernación y Vicepresidente Segundo con el gobierno de Arias Navarro y embajador de España en Reino Unido entre el 73 y el 75. Al margen de los cargos predemocráticos, tras la Transición  funda Alianza Popular, germen del PP actual, y llega a ser congresista y presidente de la Xunta de Galicia durante quince años.

Hasta aquí llega el apartado meramente informativo sobre Manuel Fraga. Quien sea entusiasta de la información objetiva, que pare de leer. Tras estas líneas, viene mi reflexión personal sobre la figura de Fraga, que a unos gustará y a otros probablemente encienda. Es opinión y, por tanto, es debatible. Allá va.

Fraga ha sido un hombre tremendamente polémico, tanto por sus palabras como por sus silencios (pocos, dado que solía ser sincero, rara avis). Es complicado comprender cómo un hombre relevante en el gobierno franquista consiguió no sólo reciclarse en la democracia, si no hacerlo ganándose el cariño de muchas personas. Alguien que gobierna durante quince años una comunidad autónoma no lo hace porque sí, si no porque alguien le vota. Y no consigue la relevancia y respeto que tenía dentro del PP actual sólo por fundarlo. Fraga tenía algo que, con el paso de los años y la evolución de la política, se ha perdido. La fidelidad a unas ideas y a defenderlas desde la sinceridad aplastante (que no desde la educación o las buenas formas). No es el único político de este corte, pero sí pertenece, al igual que el resto de sinceros, al pasado.

Su reciclaje democrático no debe hacernos olvidar su papel durante el franquismo. Fue corresponsable de algunas ejecuciones y responsable de algunos asesinatos durante manifestaciones antifranquistas, y nunca fue juzgado por ello. Ni él, ni otros muchos. En España, decidimos pasar la hoja sin pararnos a mirar los tachones de la hoja que cerrábamos, y nadie ha vuelto la vista atrás jamás para corregirlos. Se podría mencionar la exhumación de fosas comunes del juez Garzón, pero esa acción judicial sólo buscaba identificar los cadáveres, no juzgar a los culpables. Es parte de la historia deshonrosa de España el haber mirado hacia otro lado, práctica habitual durante siglos. Por ello, no sorprenderá a nadie el final del caso Gürtel, o el que tiene a Urdangarín en el punto de mira. Son los dos de actualidad, pero podemos recordar el olvidado caso Faisán de Rubalcaba, o el de José Blanco que hasta hace nada ocupaba portadas. Hoy no son nada, puro olvido, en el que caerán también los dos primeros.

Pero también hay que hablar de un Fraga democrático, cómo no. No diré que es la otra cara de la moneda, pues don Manuel siempre ha sido igual. Quizá por su papel "aperturista" durante el franquismo, quizá por contentar a todos, fue uno de los padres de nuestra Constitución. Si, la que está obsoleta en varios aspectos, pero también la que nos ha llevado hasta hoy por el camino de la democracia. Él, como partícipe de su creación, ya tiene un papel democrático importante.

Pero no queda ahí su contribución democrática. Cumplido su papel constitucional, aglutinó a una derecha muy a la derecha y la centró bajo las siglas de Alianza Popular, siendo el freno de aspiraciones autoritarias y anhelos de volver al pasado. Él, y no otros, diseñó la derecha democrática, la que tendría que hacer frente a la izquierda que estaba al alza. Sin Fraga, no habría bipartidismo. Porque sólo habría una ideología gobernante, la izquierda. El papel de Fraga al lograr una derecha democrática y unida que contrapusiera el poder del PSOE y los comunistas de Carrillo es vital para llegar hasta hoy.

Mi conclusión es que Fraga no es ningún tótem inamovible de ejemplaridad y honestidad, ni mucho menos. Debió ser juzgado, como muchos otros que también se han ido impunes y no deberían. Pero si recordamos tenemos que recordar también que su papel democrático es muy significativo, pues unió a la derecha y la metió por el camino de las urnas y la moderación. Creó la contraposición a la izquierda, dio la réplica. Hoy nos  lamentamos de que sólo dos partidos se repartan el poder, pero sin esa derecha de Fraga, ¿qué  partidos se repartirían el poder? ¿Habríamos llegado hasta aquí de la manera en que hemos llegado?

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