sábado, 11 de junio de 2011

El ¿orgullo? de ser español

Este articulo que aquí comienza va por todos aquellos ciudadanos que intentan, día a día, luchar por cambiar un sistema corrupto en el que absolutamente todo es al revés de lo que debería. A todos aquellos que han tenido el valor, la valentía, la responsabilidad, esa especie de honor...de reclamar aquello que, por simple uso del razonamiento (del buen razonamiento se entiende) todos tenemos derecho a tener. Gracias con mayúsculas.

Pero, con el mas amargo sentimiento, llevo semanas viendo el fracaso pese al descomunal esfuerzo que se ha hecho. No es un fracaso ni en su planteamiento, ni en su desarrollo ni en su finalidad. Es un fracaso externo, ajeno y preconcebido. Y voy a explicar por qué.

1)Toda revolución se produce a partir de una difusión, da igual cual. El boca a boca, los medios de comunicación, las redes sociales...todas valen. Pero aquí no se ha dado el caso. Lo que empezó en las redes sociales sólo ha llegado a una parte de la gente, mayoritariamente gente joven y parados. Sin embargo, en los medios de comunicación el seguimiento no ha sido tan importante como debería, no han estado a la altura de su función social. Siempre al servicio del sistema han medido la forma de tratar lo que ocurría, pero no la realidad, si no lo que convenía mostrar. El único reducto de información veraz es, como no, Internet. El fracaso de este primer punto se relaciona muy directamente con el del segundo.

PD: añadidle que en un país en crisis la poca gente que tiene trabajo y está de acuerdo con nosotros no está dispuesta, lógicamente, a manifestarse y perder el poco salario que gana. Hay mucho apoyo tapado que por la coyuntura no podemos aprovechar...

2) España es un país tremendamente costumbrista (o tradicional, llamadlo como queráis). Históricamente una situación que se alarga en el tiempo es asimilada por quienes la sufren y se toma como la única, o la mejor, y se nubla el juicio crítico. Esto pasa ahora, y se relaciona con el punto 1 en el hecho de que España sigue siendo, pese a las apariencias, devoradora de la información transmitida por los medios tradicionales (tele, radio y periódicos impresos). Por mucho que nos empeñemos en decir que Internet es ya el presente, no puede serlo en un país de población envejecida y costumbrista incapaz ya de experimentar aquello que por época le es desconocido. Aquello con lo que han vivido es lo que les vale, lo que aceptan, y lo demás no les interesa. Tienen lo que HASTA AHORA les ha valido.

3)El sistema está perfectamente diseñado para evitar cambios. Ninguna posibilidad de cambio escapa al control estatal. A los ya mencionados medios de comunicación añadámosle unos cuerpos de seguridad del Estado (policía) que actúan dando la espalda a la su función inicial, que es la seguridad; y un estamento judicial en el que los jueces son elegidos por los partidos políticos. Cualquier intento de cambio, salvo que sea de magnitudes monumentales, es fácilmente reprimible. Como muestra un botón.

4) El gran fallo propio. Sí, hay uno, y es culpa nuestra si paliativos. Y es que ante los intentos de ser nosotros los que aparezcamos en los medios de comunicación defendiendo nuestras reivindicaciones nos hemos negado en redondo. Y eso ha sido en parte nuestra tumba. En esas asambleas que hay por toda España podíamos haber sacado unos representantes, gente que sepa expresar lo que queremos y que extienda nuestro mensaje. No tienen por qué convertirse en líderes del movimiento, porque este movimiento no tiene líderes, pero si en difusores. No hemos sabido aprovechar nuestros recursos...

En vista a todo lo anterior, ¿como es posible un cambio en unas circunstancias como las nuestras? Este intento de cambio va muy por delante del desarrollo del pensamiento crítico de la población y el sistema, a los que hemos pillado a contrapie. ¿La diferencia? El sistema ha reaccionado como acostumbra, previsible. La población no reacciona...